Saludos  de la Mañana

Te venimos, Madre,

alegres a saludar por este nuevo día que nos regalas en tu Oratorio,

para amarte y crecer con más fuerza. Haz, Madre, que el héroe y el santonazcan en nosotros con vigor impetuoso, para crear un clima marianodonde reine la confianza en Ti y el amor fraternal.

 

Tu vida, Madre de Nazaret,

sencilla, familiar y confiada, queremos repetirla en nuestro día

normal de trabajo. Esperamos vivir como Tú

cuando trabajabas y sonreías sirviendo a todos,

siempre con la fe y l a confianza que Dios es el que obra

a través de nosotros, venciendo la tempestad

y la fuerza arrolladora  de la masa de los hombres.

En tu Oratorio como en Nazaret, empezamos el día confiando en Ti.

 

 

La mañana llena de vida

se levanta por todas partes,  y nosotros, Madre, vamos a seguir la lucha

por crear en todas partes el clima de tu propia vida;

para que otros descubran en nuestras vidas,  tu pureza y alegría;

para que mirándonos descubran en nosotros la misma confianza que

Tú ponías en Jesús. Desde tu Oratorio,  alegres iremos juntos a luchar.

 

 

Creemos firmemente

en nuestra Gran Tarea,  a la que Tú nos convidaste, de crear tu clima mariano

y hacer así posible una inmensa primavera  en la Iglesia y en el mundo;

explotando en vida por todas partes,  con tu misma vida auténtica

en nosotros y en los demás,  en formas variadas y diversas,

como las flores distintas de un vergel, en la inmensa variedad y

multiformidad de la vida.

 

 

Mis hermanos y yo

pondremos  juntos las manos al arado,  para limpiar y abrir con fuerza

comprometiéndonos de veras con esa metas de vida

que nos harán distintos del montón. Madre, Tú nos sonríes y en tu Oratorio

pones tu confianza en nosotros, en una nueva mañana de amor y confianza.

 

 

Saludos  del Atardecer

 El sol avanza

poniendo de rojo la tarde; una delicada despedida nos regala el Padre Dios.

Queremos saludarte y cantar alegres, porque eres más bella que la tarde

y más que las estrellas o que la luna vespertina. Llenos de amor y confianza,

le agradecemos a Dios que te hizo tan bella.  Nuestro Oratorio eleva su canto

alegre de la tarde.  Por Ti, Madre, Patrona y Reina, por Ti cantamos.

 

No creas, Madre,

que no podrás confiar en nosotros. Por Ti se despiertan nuestras

mejores fuerzas, y alabamos el amor y la pureza que Dios puso en Ti.

Con todo empeño renovamos nuestro pacto en esta hora de la tarde,

diciéndote que te pertenece lo mejor de nuestro corazón;

diciéndote que puedes confiar en nuestra respuesta de amor.

 

Ha llegado la hora del amor,

en que los que se aman funden sus corazones. Nosotros fundimos

contigo nuestra vida y nuestros amor en la confianza mutua.

Nosotros confiamos en Ti y Tú puedes confiar también en nosotros.

Y en prueba de que no nos quedamos en palabras ni en puros latidos vacíos,

te entregamos el esfuerzo por andar rumbo de esas metas

con que formamos el clima de tu propia vida.

 

Quieres formar

una comunidad mariana en tu Oratorio; una Familia donde Tú reines

suavemente con tu íntegra fuerza de Mujer sin pecado, Mujer Inmaculada,

donde tu mismo espíritu fluya confiadamente en el ambiente de esta Familia.

En el Oratorio haces nacer nueva vida, donde hermanos se respeten

y confíen mutuamente, luchando codo a codo por un mundo auténtico.

En esta hora de la tarde, anhelamos su aparición.

 

Oracion del Pacto de Confianza Mutua

Unido espiritualmente en el Oratorio,

con mis hermanos,

quiero decirte, Madre, Patrona y Reina mía,

que yo confío en Ti;

confío de todo corazón

que Tú me ayudarás

a salir adelante, desde mi Oratorio.

 

Te entrego mi alma, mi vida y mi cuerpo:

yo paso a ser cosa y posesión tuya;

soy tu operario, por medio de quien

Tú puedes transoperar en el mundo y en la Iglesia.

Por eso mis ojos son tuyos,

mis labios, mis manos son tuyas;

mi inteligencia, mi voluntad y mi corazón.

Toda mi vida es tu propiedad.

Guárdame y defiéndeme del peligro y de la masa.

 

Madre mía, úneme a Jesús,

que es el único Salvador,

ya que sin El nada podemos hacer

para alcanzar nuestra meta.

Ayúdame, Madre, junto a mis hermanos,

a cumplir lo que Dios quiere.   Amén

 

Oracion del Desafío

Madre, ¿cómo podría olvidarme de Ti?

 

¡Cuántas cosas has hecho por nosotros!

Te hemos pedido bendiciones a través de nuestro Oratorio,

¡y cuántas nos has regalado!

 

Madre, ¿cómo podría olvidarme de Ti?

 

Desde el Desafío del 29 de junio de 1971,

hemos ido sintiendo cada vez más que Tú estás acá,

que te has quedado en nuestro Oratorio donde quiera que esté.

Esa fue tu respuesta de amor

a nuestro Desafío y a nuestro respaldo de amor.

 

Madre, ¿cómo podría olvidarme de Ti?

 

Ahora te pedimos más aún:

necesitamos construir nuestra comunidad del Oratorio;

danos por eso santos; danos personas auténticas,

formadoras de un auténtico orden social,

de una comunidad auténtica

que sea la base de la gran primavera que ha de venir.

 

Madre, ¿cómo no confiar en Ti?

 

Y repetimos el Desafío,

esta vez más hondamente desde el 3 de noviembre de 1972:

“Madre, lleno de audacia me atrevo

a pedirte que te vayas del Oratorio

el día que no haya ningún hijo tuyo

que aspire sinceramente a la santidad, a ser un auténtico mariano”.

 

Madre, ¿cómo podría olvidarme de Ti?

 

Creo, Madre, ardientemente,

que Tú te encargarás de hacer nacer acá, en tu Oratorio,

santos de nuestro pueblo para la Iglesia.  Amén.

 

Madre, ¿cómo podría olvidarme de Ti?

 

Saludos  del  Mediodía

 

Madre, ahora que el sol

está ya en el mediodía,  te volvemos a saludar,  porque sin Ti la jornadapierde su sabor y la fuerza de tu clima decae infaliblemente.

En tu Oratorio nos juntamos espiritualmente, hambrientos del pan diario

pero también hambrientos de Cristo, para no perder el camino que comenzamos.

 

Tu Oratorio es como una fragua,

allí la verdad nos quema aunque duela. Nos quema de todo lo malo

y no auténtico que corrompía tu clima. Ahora nos preguntamos

con sinceridad: ¿Cómo cumplimos nuestras metas que libremente

hemos escogido? Las escogimos por confiar en Ti, solos tomamos

ese compromiso, nadie nos obligó.  Porque quisimos avanzar y no

 quedarnos atrás, por eso las tomamos. Ahora, aunque duela y cueste,

te damos cuenta de nuestra obligación.

 

 

Tu ejemplo

es bien claro, y por ser bien hombres/mujeres no queremos quedarnos atrás.

Tú fuiste capaz de vencer la flojera y el ansia de dejarse llevar. En esta hora difícil

del día te pedimos, Madre,  que nuestro combate no decaiga.

Por eso entramos de nuevo en tu Oratorio a pedirte, pero también a ofrecerte

esa fuerza para seguir tu camino.

 

 

Jesús un Viernes Santo

libraba la batalla más importante de su vida,  a esta misma hora.

Aunque me cueste, Madre, aunque rechinen mis huesos,

yo me entrego ardientemente a Ti, como respaldo humano, abundante

y comprometedor; para que Tú te quedes para siempre en nuestro Oratorio.

Ese sea el respaldo divino que Dios ponga en mí.

Ahora ha llegado la hora del amor verdadero que quema como el fuego.

Yo me entrego a tu camino, libremente yo me entrego.

 

Saludos  de la Noche

 Elevamos nuestro corazón

alabándote admirados a Ti, Dios Creador, que actuaste hoy día a través

de nosotros.  A Ti, que eres un solo Dios en Tres Personas distintas.

A Ti, Padre, porque no diste la vida.  A Ti, Hijo del Padre Dios,

porque nos sacaste adelante  regalándonos a tu Madre,  María.

A Ti, Espíritu Santo,  Amor entre el Padre y el Hijo, porque nos llenaste de

tu amor y tu fuerza;  porque nos hiciste anhelar fuertemente cumplir nuestra

Gran Tarea, para que ocurra una primavera llena de tu Espíritu.

Te alabamos agradecidos, Santísima Trinidad, que seamos unidos como Tú,

ahora y siempre.  Amén.

 

 

 En esta noche

volvemos, Madre, a saludarte a Ti, que estuviste alentándonos a salir adelante

aún en momentos en que ya queríamos doblarnos. Tú, Madre, como Virgen llena

de pureza nos estuviste mostrando que lo impuro corrompe nuestra Gran Tarea.

Nos mostraste tu amor maternal en el que confiamos ciegamente.

Ahora vamos al descanso. Iremos contigo ahora y hasta el fin.

 

Examinamos

nuestra conciencia y vemos muchas fallas y lagunas de lo que podríamos haber hecho,

y no hicimos por dejación, por flojera y cobardía (pausa de reflexión).

Te pedimos perdón, Madre. Extiende sobre nosotros tu manto benigno

y bajo tu amparo de Madre, vamos ahora a descansar y a renovar mañana, con fuerza

la lucha por nuestra Gran Tarea.

 

Despertaremos  como  nuevos

y descubriremos las señales que Tú harás por medio de nosotros

que se cumpla nuestra Gran Tarea. Una Iglesia llena de vida como la primavera,

será la renovación de la única Iglesia de Cristo. Mientras dormimos confiados,

el Señor que lo gobierna todo, irá suavemente realizando

lo que nosotros no pudimos por nuestras fuerzas débiles y apartará el mal de

nuestros pasos, mientras confiados nos entregamos a Ti.

Oraciones para la Comunión en la Eucaristía

Preparación

Jesús, Señor, junto a tu Madre, te pedimos que vengas.

¡Ven, Señor!, te necesitamos. Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida.

Sin Ti nuestra vida queda vacía, sin posibilidad de salir adelante.

Ven, Señor, y transfórmanos, como cuando andabas por Palestina obrando

 milagros. Ven y tendremos vitalidad auténtica. Con nuestra Madre, ¡Ven, Señor!

 

Ahora, Señor, que vienes

quiero hablarte con la fe, la confianza y el amor con que tu Madre hablaba

 contigo. Ella no se dejó arrastrar por dudas ni dificultades. En tu Oratorio te pido

que aumentes mi fe y mi confianza en Ti, ya que sin tu misma gracia,

nunca podré recibirte adecuadamente. ¡Dios hecho Hombre!

Es demasiado grande tu Misterio. Señor, aunque no comprendo,

¿qué me importa si te amo? ¡Ven, Señor, Ven!

 

Así como Juan,

tu discípulo más regalón, hazme sentirme tu predilecto en quien quieres depositar

toda la intimidad de tu amor y de tu confianza. Señor Jesús, te entrego lo más grande:

soy tuyo/a y puedes contar conmigo, que yo pondré mi mano

en tu arado sin mirar para atrás. Así como Juan, junto a la Cruz,

así acepto tu testamento de amor: tomo a María por Madre;

en mi Oratorio la recibo para siempre.

 

En este momento,

en que Tú estás conmigo, no hago otra cosa que agradecerte

que seas el Buen Pastor, a quien quiero tanto; a Ti, Jefe del Oratorio.

Gracias porque me quieres y diste tu vida por mí,

especialmente tu sangre por mí. ¡Qué cariño grande me tienes que tener,

-cuando me sonríes y pones tu mano en mis hombros-,

si derramaste tu sangre por mí¡  ¡Qué deseos tengo de verte

cara a cara y agradecerte!  Yo, confiando ciegamente en Ti y en tus

caminos, me entrego a lo que quieras, aunque no te vea.  Amén.

 

Himno del Oratorio

Madre, quédate en nuestro Oratorio,

Imagen bendita del pueblo;

quédate junto a nosotros,

no te alejes nunca,

Madre del Oratorio.

 

I

 

Por Ti vendrán mis manos,

repletas de dicha,

pero también llevando cicatrices de guerra;

mira, Madre, nuestra respuesta,

nuestro respaldo de amor.

 

II

 

Cantar, cantar tu nombre,

más alto, más alto;

con mi guitarra al viento, ¡mira cómo te amamos!;

tiembla el pecho bajo tus ojos

siempre sonriendo de amor.