Pergamino horizontal: PROGRAMA RADIO MARIA    QUINTO PROGRAMA  Martes 04 de noviembre de 2008

 


 

 

 

 

 

NOVENA DE LA CONFIANZA.

Mad
re amable de mi vida
Auxilio de los Cristianos,
La gracia que necesito
Pongo en Tus benditas manos.

Dios te salve María……….

Tú que sabes mis pesares
Pues todos te los confío
Da la paz a los turbados
Y alivio al corazón mío.

Dios te salve María………

Y aunque Tu amor no merezco
No recurriré a Tì en vano
Pues eres Madre de Dios
Y auxilio de los Cristianos.

Dios te salve María………

Acuérdate, ¡Oh Madre Santa!
Que jamás se oyó decir
Que alguno te haya implorado
Sin tu auxilio recibir.
Por eso con fe y confianza
Lleno de amor y esperanza
Este favor yo te pido:


Pedir la gracia que se desea y decir 7 veces:
“Santa María Milagrosa, ruega al Señor Jesús por nosotros, y por el mundo entero”.

 

Doctrina:

  • Estamos en nuestro quinto programa “DE MARIA NUNCA SE DIRÁ LO SUFICIENTE”.
  • MUCHAS GRACIAS POR LOS LLAMADOS. POR LAS PREGUNTAS Y POR QUIENES NOS ESTÁN ALENTANDO,  
  • Rezamos mucho para que la Virgen María pueda tener su propia casa y desde allí pueda entrar en el corazñóin de todos los chilenos. Nos adherimos a la campañla “UNA CASA PARA LA VIRGEN”.
  • Tenemos las siguienrtes preguntas:
    • Daniel, de Maipú: nos poregunta ¿qué significa la Adoración al Santísimo?  Daniel, es Crisdto mismo el que quiso quedarse en la Eucaristía. En cada Hostia está Cristo realmente presente con su Cuerpo, pero en forma sacramental. Cristo nos enseña que Él se entregó a Sí mismo y que este Cuerpo que Él nos deja “será entregado”, es decir, Cuerpo que tuvo que morír por amor a nosotros.
    • Dn. Eugenio de La Serena pregunta por el significado de las Mandas. Eugenio, la Iglesia valoriza la Religiosidad Popular. Las mandas reflejan el sentir del pueblo que poide favores a Dios, por medio de la Virgen o de los santos, que ofrece sacrificios por sus pecados, etc. Es cierto que la Iglesia quiere purificar y llevar a los fieles a practicar mejor los sacramentos.
    • La Sra. Rut nos llama para contarnos un testimonio de la Madre Teresa de Calcuta. Ella fue a una farmacia a pedir ayuda para su enfermos. No se la querían dar. Sin embargo, ella se quedó allí esperando y rezando. Fianmlmente la ayudaron. Nos cuenta que su mamá, muy devota de la Virgen, falleció a los 100 años. Justo el día de su veloro llegó la Virgen peregrina a su parroquia y el día del funeral se la llevaron. Siente que fue un regalo de la Virgen.
  • En ESTE PROGRAMA vamos a seguir hablando de la maternidad de María.

 

 

 

SOBRE EL CONCURSO:  ¿Qué concilio definió la virginidad de María? ¿En qué año?
RESPUESTA:
Tercer Concilio de Letrán, año 649,  definió que María fue Virgen
antes del parto,
en el parto
y después del parto.

  • Felicitamos al ganador.  En esta oportunidad la Sra. María Loreto Olivares, de la Florida.
  • No hay palabras para seguir motivando el rezo del santo rosario.

 

  • La semana pasada estuvimos meditando sobre la maternidad de María sobre su Hijo Jesús y sobre nosotros.
  • El secreto para comprender a María es el de tomar a Cristo, Hijo de Dios, como punto de partida y no a la Virgen.
  • Cuanto menos piense en Él, menos pensaré en Ella; cuanto más adore la divinidad de Cristo, más veneraré la maternidad de la Virgen; cuanto menos adore la divinidad de Cristo, menos motivos tendré para respetar a la Virgen.
  • Es un grave error amar de verdad al Señor como Divino Salvador y no amar a María. La maternidad de la Virgen es diferente de todas las demás, precisamente por su Hijo.
  • No somos nosotros quienes hemos hecho a la Virgen diferente de las demás mamás. No hemos sido nosotros los que la hemos elegido para su excelsa dignidad, sino el Señor.
  • Mirando una imagen de una madre con su hijito, no puede uno separar a la madre y pretender conservar al hijo. NO SEPAREMOS A MARÍA DE SU HIJO JESÚS.
  • Si se trata de competir, nosotros jamás vamos a ganarle al Señor en el amor a su Madre. Él siempre la va a amar más que nosotros.

 

HOY SEGUIMOS HABLANDO DE LA MATERNIDAD DE MARIA.

Un mediador es como un puente que une las orillas de un río, sólo que en este otro caso el puente está tendido entre el cielo y la tierra.

Así como nosotros no podemos tocar el techo sin la ayuda de una escalera, tampoco podría el hombre pecador llegar a Dios sin la ayuda de Uno que es Dios y hombre al mismo tiempo, Jesucristo.

Como hombre, puede intervenir en nuestro nombre y cargar con nuestros pecados;   como Dios, todas sus palabras, milagros y muerte tienen un valor infinito, y puede, por eso, recuperar más de lo que hemos perdido.

Dios se hizo hombre sin dejar de ser ni Dios ni hombre, y por eso es nuestro mediador, nuestro Salvador y nuestro Divino Señor.

Hablemos ahora de María, la Mediadora entre Cristo y nosotros.

Estudiando la vida de Jesús, viendo que fue el primer evadido huyendo de la persecución de un gobierno cruel, que trabajó como carpintero, que enseñó y nos redimió, sabemos que todo esto comenzó al tomar la naturaleza humana y convertirse en un hombre. Si Jesucristo no hubiese sido hombre, no habrían oído los hombres el sermón de la montaña, ni perdonar a los que habían traspasado sus manos y sus pies al clavarlo en la cruz. La Virgen María fue quien dio a Nuestro Señor la naturaleza humana.

El Señor le pidió a la Virgen que le diese una vida humana, que le diese manos con las que bendecir a los niños, pies con los que andar en busca de las ovejas extraviadas, ojos con los que llorar a los amigos muertos, y un cuerpo, en fin, con el que sufrir para podernos proporcionar una resurrección en libertad y amor.

A través de Ella, se hizo Él puente entre lo divino y lo humano. Sin Ella, o Dios no sería hombre, o el nacido de Ella sería hombre y no Dios.

¡Sin Ella, no tendríamos en modo alguno a Nuestro Señor! Si alguien tiene una caja fuerte con mucho dinero, sabe que hay que guardar con mucha atención a la llave. No es que crea que la llave sea el dinero que guarda en la caja, pero sabe que sin la llave no puede sacar el dinero.

Pues bien, la Virgen es como esa llave. Sin Ella, no podríamos tener al Señor, porque Él nos vino mediante Ella. La Virgen no ha de compararse con el Señor, pues es una criatura, y Él, en cambio, el Creador. Pero sin la Virgen no podríamos llegar al Señor. He ahí la razón por la que debamos prestar tanta atención a la Virgen María; sin Ella, nunca podríamos imaginar cómo pudo tenderse un puente entre el cielo y la tierra.

Se podría objetar: “Me basta con el Señor, no tengo necesidad de la Virgen”.

  • Pero el Señor sí que tuvo necesidad de María Santísima.
  • Y lo que más nos importa es que el Señor dijo que nosotros tenemos necesidad de Ella, porque nos dio a su Madre María, como Madre nuestra.

En el Viernes que los hombres llamamos Santo, cuando el Señor fue levantado en la cruz como bandera de nuestra salvación, miró a las dos criaturas que más apreciaba en la tierra: a su Madre y a San Juan, su discípulo predilecto.

En la noche anterior, durante la Última Cena, nos había legado, como última voluntad, lo que ningún hombre ha podido dejar a sus herederos, es decir, a Sí mismo en la Sagrada Eucaristía. De esa forma estaría con nosotros –como Él dijo- “siempre, hasta la consumación de los siglos”.

En las oscuras sombras del Calvario, aun añadió el Señor un artículo a su testamento. Allí, bajo la cruz, pero no postrada, sino de pie, como observa el Evangelio, estaba su Madre.

  • Como hijo, el Señor pensó en su Madre; como Salvador,  pensó en nosotros.

 

  • Y así, nos dio a su Madre con estas palabras: “He ahí a tu Madre”. Y al hablarle a Ella, la nombró con el título de una maternidad universal: “Mujer”, y le encomendó a cada uno de nosotros: “He ahí a tu hijo”.
  • Por fin, es bien clara la descripción que hace el Evangelio del nacimiento de Jesús: María “dio a luz a su primogénito y lo puso en un pesebre”.

 

  • San Pablo Lo llama “el primogénito de todas las criaturas”.
  • ¿Quiere esto decir que la Virgen debía tener otros hijos?

 

  • ¡Claro! Pero no según la carne, porque Jesús fue su único Hijo;
  • Ella debía tener otros hijos espiritualmente, y de éstos, San Juan, que estaba al pie de la cruz, era el primero, quizá fuese el segundo San Pedro, Santiago el tercero y nosotros el billonésimo de los hijos.

 

  • Así como aceptamos que Dios es nuestro Padre y le llamamos, al rezar, “Padre Nuestro”, del mismo modo no rehusamos el preciado don de Su Madre, y al rezar le decimos: ¡Madre nuestra! Así, pues, la caída del hombre quedó cancelada con el árbol de la Cruz; con otro Adán: Cristo; y con otra Eva: María.

Mirando una imagen de una madre con su hijito, no puede uno separar a la madre y pretender conservar al hijo. NO SEPAREMOS A MARÍA DE SU HIJO JESÚS.

Si tocamos a la Madre, estropeamos al Hijo.

Todas las religiones del mundo, con excepción del Cristianismo, se pierden entre mitos y leyendas.

Cristo se aparta de todas las deidades del paganismo precisamente por estar vinculado a la Mujer y a la historia. “Nació de la Virgen María, padeció bajo Poncio Pilatos”, dice el Credo de nuestra fe.

La Virgen no nos impide honrar al Señor. Nada más cruel para Ella que decir que enajena las almas de Cristo. Eso equivaldría a afirmar que el Señor se escogió una Madre egoísta.

Por mi parte, puedo decirles que si la Virgen me alejase de su Hijo, tendría que renegar de Ella.

Si alguno de ustedes, auditores de Radio María, nos invitara a su casa y nosotros no quisiéramos cruzar ninguna palabra con su mamá, ¿Qué pensarían de nosotros? ¿Pensarían que nosotros los apreciamos de verdad?

¿Y que les parece que puede sentir nuestro Señor de quienes nunca tienen atención alguna para con su Madre?

¿No ha sido lo bastante buena con nosotros la Madre de Jesús? Pensemos que si el Señor no la hubiese elegido, no hubiésemos tenido a Nuestro Divino Salvador. ¡Qué feliz me sentiría si en el día del juicio me felicitara el Señor por haber amado muchísimo a su Santísima Madre!
           
Si se trata de competir, nosotros jamás vamos a ganarle al Señor en el amor a su Madre. Él siempre la va a amar más que nosotros.

Nuestro amor no tiene principio en María, y por eso no termina en María. La Virgen es la ventana a través de la cual tiene nuestra humanidad una primera visión de la divinidad en la tierra.      Tal vez sea Ella como una lente de aumento que intensifica nuestro amor para con su Hijo y hace más ardientes y vivas nuestras plegarias.

Dios hizo el sol, pero también la luna.

  • La luna no quita el esplendor del sol.
  • Si no existiese sol, la luna sólo sería un carbón apagado que vagaría por la inmensidad del espacio.
  • Toda la luz de la luna es reflejo de la del sol.
  • La Virgen María refleja a su Divino Hijo.
  • Sin Él, Ella es nada.

En las noches oscuras nos alegra ver aparecer la luna y su brillo nos dice que existe el sol. Así, en la noche oscura de la vida, cuando los hombres vuelven la espalda al Señor, que es la luz del mundo, miramos a María para guiar nuestros pasos mientras no nos llega el alba.

 

PROXIMO PROGRAMA HABLAREMOS DEL TEMA: MARIA, INTERCEDE POR NOSOTROS ANTE JESUS. Lo hacemos pensando en el Mes de María..

 

Desde nuestro programa nos gustaría que pudiéramos hacer  el siguiente experimento.

¿A quiénes le pedimos que hagan este experimento?

  • A los que se desesperan por su salvación, los pecadores y decepcionados, que han agotado todos los recursos humanos en busca de la paz interior.
  • A los que se sienten cansados de la vida y experimentan una sensación de profunda vergüenza y de culpa.
  • A los que no tienen fe.

 

  • Recen el Rosario durante treinta días seguidos a partir de hoy mismo.
  • Y no digan: “¿Cómo voy a rezar si no creo?
  • Si uno estuviera perdido en una selva, no nos pondríamos a gritar, aunque uno creyera que no hubiese alguien cerca. Lo haríamos “por si acaso”.
  • Por eso, empecemos nuestro rezo. Estamos seguros que van a quedar sorprendidos. La Virgen les responderá.

Mueren soldados en el campo de batalla; muchos de ellos gritan en su último momento de desesperación: “¡Madre mía, quiero ver a mi madre!”.

El mayor soldado de todos los tiempos, hallándose moribundo en el campo de batalla del Calvario, también pensó en su Madre. Allí, nos dio una prueba superior de amor al darnos a su Madre: “He ahí a tu madre”.

Que cada uno de nosotros pueda gritar a nuestra Madre Celestial en estos días de tanta violencia,  de problemas económicos, etc., cuando han fallado todos los resortes humanos: “Madre de mi Señor Jesucristo, te quiero. Intercede con tu Divino Hijo por mí, por mi familia, por la paz del mundo”. ¡Por el amor de Jesús!

 

HAGAMOS LA ORACION FINAL DE NUESTRO PROGRAMA:

Unidos espiritualmente en el Oratorio, con mis hermanos, quiero decirte Madre, Patrona y Reina mía, que yo confío en Ti; confío de todo corazón que Tú me ayudarás a salir adelante, desde mi Oratorio. Te entrego mi alma, mi vida y mi cuerpo; yo paso a ser cosa y posesión tuya; soy tu operario, por medio de quien Tú puedes transoperar en el mundo y en la Iglesia. Por eso mis ojos son tuyos, mis labios, mis manos son tuyas;  mi inteligencia, mi voluntad y mi corazón; toda mi vida es tu propiedad.  Guárdame y defiéndeme del peligro y de la masa.  Madre mía, úneme a Jesús, que es el único Salvador, ya que sin El nada podemos hacer para alcanzar nuestra meta. Ayúdame, junto a mis hermanos, a cumplir lo que Dios quiere. Amén.

 

LES BENDIGA, A USTEDES, SUS FAMILIAS Y SUS SERES QUERIDOS, EL DIOS TODOPODEROSO Y BUENO, PADRE, HIJO Y ESPIRITU SANTO. AMÉN.