Pergamino horizontal: PROGRAMA RADIO MARIA    SEGUNDO PROGRAMA  Martes 14 de octubre de 2008

 

 

 

 

 

Oración inicial: 

  • EVANGELIO  San Juan 19, 25 - 27  

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María esposa de Cleofas y María Magdalena.

Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien amaba, de pie junto a ella, dijo a su madre: --Mujer, he Ahí tu hijo.

Después dijo al Discípulo: --He Ahí tu madre.

 Y desde aquella hora el Discípulo la Recibió en su casa.

  • Invitación a todos juntos rezar el Ave María.

 

Doctrina:

  • Explicación  frase ““DE MARIA NUNCA SE DIRÁ LO SUFICIENTE”. San Bernardo.
  • Presentación a la línea del programa:
    • Hablar de la Virgen María, meditar sobre Ella en base a la Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae del papa Juan Pablo II.

 

Habíamos hablado en el primer programa:

  • Sobre lo que significa hacer teología con María. Ella, como Madre del Verbo Encarnado, Jesucristo, es la más sabia Maestra que nos puede hablar de su Hijo.
  • Nos preguntamos ¿Quién es María?
  • Es una mujer elegida desde la eternidad para ser la Madre de Dios.
    • La hizo bellísima, desde su concepción, dándole la gracia de ser Inmaculada, sin pecado, para que nunca el pecado pudiera tocarla. La hizo siempre Virgen, tanto, que ni siquiera en su parto la perdió. Por último, no permitió que su cuerpo sufriera la corrupción de la muerte, y la llevó Asunta al Cielo.
    • Y, vimos también, la respuesta de María a esa gracia. Simplemente creyó en la Voluntad de Dios y la siguió heroicamente. Se acostumbró a decir siempre “sí”, a toda insinuación que viniera de Dios. Por eso no nos extraña que en la Anunciación exprese su modelo personal de vida: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.
    • Vimos los tres nombres de María en la Anunciación:   María es descrita con tres nombres, que sin duda “desvelan” su personalidad. El primero es el que le dieron sus padres, “María”; el segundo nombre se lo da el Ángel (de parte de Dios mismo), “Llena de gracia”; y el tercero es el que se da a sí misma, “Esclava del Señor”.  Ahora sí podemos comprender mejor las palabras anteriores.
    • Importancia de rezar el Santo Rosario.

¿Cuándo se instituyó formalmente esta fiesta?
El 7 de octubre de 1571 se llevó a cabo la batalla naval de Lepanto, en la cual los cristianos vencieron a los turcos. Los cristianos sabían que si perdían esta batalla, su religión podía peligrar y por esta razón confiaron en la ayuda de Dios a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota. En Roma estaba el Papa despachando asuntos cuando de repente se levantó y anunció que la flota cristiana había sido victoriosa. Ordena el toque de campanas y una procesión. Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre.

Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de Octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de Octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.

La fuerza del Rosario
A lo largo de la historia, se ha visto como el rezo del Santo Rosario pone al demonio fuera de la ruta del hombre y de la Iglesia. Llena de bendiciones a quienes lo rezan con devoción. Nuestra Madre del Cielo ha seguido promoviéndolo, principalmente en sus apariciones a los pastorcillos de Fátima.

El Rosario es una verdadera fuente de gracias. María es medianera de las gracias de Dios. Dios ha querido que muchas gracias nos lleguen por su conducto, ya que fue por ella que nos llegó la salvación.

Todo cristiano puede rezar el Rosario. Es una oración muy completa, ya que requiere del empleo simultáneo de tres potencias de la persona: física, vocal y espiritual. Las cuentas favorecen la concentración de la mente.

¿Qué han dicho los papas sobre el Santo Rosario?
El que más habló fue el papa León XIII.
Después el papa Pío XI:
Finalmnete el papa Juan Pablo II:  que en la plaza San Pedro afirmó que su oración predilecta era el Rosario.

Doctrina: ¿Qué han dicho los santos padres del Rosario? Dejemos que la Carta Apostólica del papa Juan Pablo II “Rosarium Virginis Marie” nos los diga:

Los Romanos Pontífices y el Rosario
2. A esta oración le han atribuido gran importancia muchos de mis Predecesores... León XIII... , indicándola como instrumento espiritual eficaz ante los males de la sociedad...al Beato Juan XXIII y, sobre todo, a Pablo VI, que en la Exhortación apostólica Marialis cultus, en consonancia con la inspiración del Concilio Vaticano II, subrayó el carácter evangélico del Rosario y su orientación cristológica.
Yo mismo, después, no he dejado pasar ocasión de exhortar a rezar con frecuencia el Rosario. Esta oración ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis años jóvenes.... El Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo. Hace veinticuatro años, el 29 de octubre de 1978, dos semanas después de la elección a la Sede de Pedro, como abriendo mi alma, me expresé así: «El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. [...]
Con estas palabras, mis queridos Hermanos y Hermanas, introducía mi primer año de Pontificado en el ritmo cotidiano del Rosario. Hoy, al inicio del vigésimo quinto año de servicio como Sucesor de Pedro, quiero hacer lo mismo. Cuántas gracias he recibido de la Santísima Virgen a través del Rosario en estos años: Magnificat anima mea Dominum! Deseo elevar mi agradecimiento al Señor con las palabras de su Madre Santísima, bajo cuya protección he puesto mi ministerio petrino: Totus tuus!
Hay figuras que son universales. Basta conocerlas para que inmediatamente se produzca un sentimiento de cariño, en cualquier lugar de este extenso orbe.

En este tiempo hemos tenido un ejemplo clarísimo: la Madre Teresa de Calcuta. Se dedicó simplemente a los más pobres de la India y, como el amor es expansivo, las fronteras fueron cayendo para estas Hermanas de la Caridad, que se han extendido por el mundo.

Con el Rosario pasa lo mismo. Se ha ganado el Magisterio de la Iglesia, que ve en él nada menos que un “compendio del Evangelio”.

Las Sagradas Escrituras son el fundamento para conocer la revelación de Dios. En 2 Tim. 3,15ss. dice: “... y que desde niño conoces las Sagradas Letras, que pueden darte la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús.   Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para arguir, para corregir y para educar en la justicia;  así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena.” El Rosario nos une a todo esto.

El Rosario se ha tomado por siempre como una oración mariana. Es verdad. Pero, justamente como todo lo mariano no se puede separar de Cristo, es una oración profundamente cristológica.

Algo muy importante, el Rosario produce frutos de santidad, que es la meta de todo cristiano y condición esencial para entrar a la gloria del cielo. Por eso los santos han rezado tanto el Rosario.

Tomemos el Rosario. Llegó la hora de acelerar nuestro proceso de autoeducación. Ël será nuestro compañero en el camino. Jesús y María van con nosotros, de la mano.

 

Rezar el Rosario es como llevar diez flores a María en cada misterio.

¿Dónde rezar el rosario?

En cualquier lugar. En la micro, en la casa, en el trabajo. Pero, sobretodo, en familia.

Objeciones: El rosario, ¿será para personas piadosas, o mayores?

Para nada. Es para todos y para todas las ocasiones. No olvidar que la oración es el alimento del alma.

Es una manera de repetirle muchas veces lo mucho que la queremos. El amor y la piedad no se cansan nunca de repetir con frecuencia las mismas palabras, porque siempre contienen algo nuevo. Si lo rezamos todos los días, la Virgen nos llenará de gracias y nos ayudará a llegar al Cielo. María intercede por nosotros sus hijos y no nos deja de premiar con su ayuda. Al rezarlo, recordamos con la mente y el corazón los misterios de la vida de Jesús y los misterios de la conducta admirable de María: los gozosos, los luminosos, los dolorosos y los gloriosos. Nos metemos en las escenas evangélicas: Belén, Nazaret, Caná, el Tabor, Jerusalén, el huerto de los Olivos, el Calvario, María al pie de la cruz, Cristo resucitado, el Cielo, todo esto pasa por nuestra mente mientras nuestros labios oran.

Hay gente que dice que hay que rezar sólo a Jesús.

EJEMPLO: le esencialidad de una rosa.

  • Antiguamente se nos cantaba siempre un ejemplo, explicando la relación entre lo esencial y lo secundario.
  • Tomaba una flor, una rosa, con muchos pétalos, y nos preguntaba: “¿es esto una flor?”, “Sí”, le respondíamos.
  • Todavía hacía una segunda pregunta: “¿es bonita?” “Sí” gritábamos entusiasmados.
  • Entonces empezaba a sacarle uno tras otro los pétalos de la rosa. En cada acción nos volvía a preguntar: “ahora, que tiene un pétalo menos, ¿es todavía una flor?” “Sí”, volvíamos a responder cada vez.
  • Cuando quedaba un solo pétalo llegábamos a la conclusión que era todavía realmente una flor.
  • El problema es que nos preguntaba: “¿y, ahora, está bonita la rosa como al principio?” La respuesta ya no podía ser un sí, como en las demás. La rosa seguía siendo rosa, pero había perdido muchísimo de su belleza.
  • La conclusión del P. Sergio era invariable: “así ocurre con Jesús, cuando tratamos de dejarle sólo lo que es esencial. Si le quitamos a su Madre, a la Iglesia, a los santos, los sacramentos, etc., queda un Cristo empobrecido y afeado”.

 

  • HOY VAMOS A AGREGAR ALGO MUY IMPORANTE:
  • Esa Madre del Señor, en su misericordia, quiso que fuera nuestra Madre.
  • Con motivo de la celebración del 40º aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, celebración que tuvo lugar el 8 de diciembre de 2005, el Papa Benedicto XVI decía en las palabras de la homilía de la Eucaristía del día:
  • El Papa se refería a aquella jornada inolvidable del 21 de noviembre de 1964, final de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, en la que Pablo VI proclamó a María como Madre de la Iglesia y pidió que se la honrase con este profundo y precioso título

 

“Permanece indeleble en mi memoria el momento en que, oyendo sus palabras:  “declaramos a María santísima Madre de la Iglesia”, los padres se pusieron espontáneamente de pie y aplaudieron, rindiendo homenaje a la Madre de Dios, a nuestra Madre, a la Madre de la Iglesia”.

  • Ciertamente, María es de nuestra misma raza y linaje. María no es una diosa ni algo que se le parezca. Ella es criatura humana, como el resto de los humanos.
  • Pero María, por pura gracia de Dios, por la gracia del Verbo encarnado, ha llegado a ser verdadera Madre de Dios y verdadera Madre de la Iglesia.  CONCILIO DE EFESO 431: DOGMA.
  • El texto de san Juan, que hemos leído al comenzar nuestro programa, nos lo muestra bien claramente: Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo:“Ahí tienes a tu madre” (cfr. Jn 26-27).
  • En el apóstol Juan, bien lo sabemos, estaba representada la misma Iglesia, cada uno de los hombres.


  • Haciendo caso omiso de los pesimistas, Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, en el discurso de clausura de la tercera etapa conciliar, pronunció solemnemente: ”Así pues, para gloria de la Virgen y consuelo nuestro, Nos proclamamos a María Santísima Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores, que la llaman Madre amorosa y queremos que de ahora en adelante sea honrada e invo­cada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo ti­tulo” (Pablo VI, Discurso de clausura de la tercera etapa con­ciliar, 21 noviembre 1964).
  • Porque María es Madre del Cristo total, por eso es Madre de la Iglesia, que es el Cuerpo Místico.
  • O lo que es lo mismo, por ser Madre de Dios, Cristo Cabeza, es Madre también de los miembros, que no pueden vivir independientes.

 

  • El Concilio Vaticano II, nos dice que María es Madre no sólo de la Cabeza, sino también de los miembros del Cuerpo místico de Cristo: «Porque cooperó con su caridad a que los fieles naciesen en su Iglesia» (LG 53).
  • Cooperó en la encarnación y cooperó también en la cruz, en el momento en el que del Corazón traspasado de Cristo nacía la familia de los redimidos: «no sin designio divino, estuvo de pie, se condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció maternalmente a su sacrificio, consintiendo amorosamente a la inmolación de la víctima que Ella había engendrado» (LG 58).
  • Esta actitud no fue la de una madre que se duele ante la muerte de su hijo; fue la actitud de una madre que se asocia, se une positivamente al sacrificio, no sólo porque la víctima inmolada era su propio Hijo, sino porque el amor le lleva a volver a dar su sí, para la inmolación de este Hijo, así como lo dio el día de la Encarnación.
  • Si Cristo tenía dos sentimientos filiales: respecto de su Padre celestial y respecto de su Madre terrena, nosotros debemos tener esos mismos sentimientos a imitación suya. La maternidad de María no viene a oscurecer en nada la paternidad de Dios, sino que, más bien, llega a confirmarla, en la medida en que suscita en nosotros una confianza filial, clave para ser engendrados por Dios. Ella, con su delicadeza y su providencia maternal, prepara el camino de la mejor manera posible. La maternidad de María es así para nosotros un puro regalo de Dios.
  • «No dejó en el cielo su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos, por su continua intercesión, los dones de la eterna salvación. Por su amor maternal cuida de los hermanos de su Hijo que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso la bienaventurada Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de abogada, auxiliadora, socorro, mediadora» (LG 62).
  • María en el cielo sigue siendo nuestra madre e intercede maternalmente por nosotros. La intercesión de María es una intervención maternal llena de delicadeza, de finura, de paciencia, de solicitud, de tacto de Madre, que con su intervención múltiple va implorando las gracias indispensables... Como Madre de Dios, su intercesión es poderosa; como Madre nuestra, su intercesión es segura. María, Madre de la Iglesia, Ruega por nosotros.

 

LO SIGUIENTE NO ALCANZÓ A SALIR POR FALTA DE TIEMPO.

El papa Juan Pablo II, hablará en su Carta Apostólica “Rosarium Virginis Marie”, en el N° 7:

 

                          « ¡Ahí tienes a tu madre! » (Jn 19, 27)
7. Numerosos signos muestran cómo la Santísima Virgen ejerce también hoy, precisamente a través de esta oración, aquella solicitud materna para con todos los hijos de la Iglesia que el Redentor, poco antes de morir, le confió en la persona del discípulo predilecto: «¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!» (Jn 19, 26) ....

Deseo en particular recordar, por la incisiva influencia que conservan en el vida de los cristianos y por el acreditado reconocimiento recibido de la Iglesia, las apariciones de Lourdes y Fátima, cuyos Santuarios son meta de numerosos peregrinos, en busca de consuelo y de esperanza.
Se dice que uno de los dolores físicos más fuertes en este mundo se da en el parto. Dios quiso unir en la naturaleza del nacimiento de todo niño la alegría de una nueva vida con el dolor del parto. Dolor y vida nueva, son como la antesala de la victoria final que viene con la resurrección.
María también va a tener que compartir este dolor de parto, al recibir de su Hijo Jesús el mandato de la maternidad universal sobre todos los hombres.
Normalmente nosotros nos fijamos en este pasaje de la Escritura, en la primera parte en que Juan recibe a María por Madre: “Después dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa”. (Jn. 19, 27). Lo subrayamos bien porque se refiere a nosotros, a la actitud que tiene que tener todo cristiano, de “llevar” a María a su casa. Jesús no pronuncia el nombre de Juan, porque él nos representa a todos nosotros.
Sin embargo, primero Jesús mira a su Madre y le dice: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. (Jn. 19, 26). Esto nos dirige la mirada hacia Ella misma, a la aceptación de su maternidad universal, pasando por el durísimo parto, que toda maternidad conlleva.
Esa “espada de dolor” anunciada por el anciano Simeón, desde la presentación del Niño en el Templo, se hace presente con toda su crudeza. En realidad, el corazón de Jesús, traspasado por la lanza, no sólo atravesó el de nuestro Señor, sino también el de nuestra Madre.
El Papa nos recuerda que la aceptación de María de su maternidad universal se manifiesta en las apariciones de Lourdes y Fátima. Allí María ha derramado sus gracias de Madre, acogiendo y consolando a sus hijos, invitándolos a la conversión y a la oración.

 

Convertir nuestro pueblo en un pueblo de Dios: esa es la tarea de la Iglesia y de cada cristiano.

 

  • Es muy importante lo que ocurrió en el Concilio Vaticano II.  Los Padres del Concilio tomaron la decisión de integrar en la constitución sobre la Iglesia Lumen Gentium el texto conciliar que se refiere a María. El capítulo octavo está enteramente consagrado a María en su relación con el misterio de Cristo y de la Iglesia.

 

El papa Juan Pablo II sigue profundizando, ahora en la línea de la configuración con Cristo, a la que deberíamos llevarnos todo estudio de teología. En el N° 15, agrega:

“La espiritualidad cristiana tiene como característica el deber del discípulo de configurarse cada vez más plenamente con su Maestro (cf. Rm 8, 29; Flp 3, 10. 21). La efusión del Espíritu en el Bautismo une al creyente como el sarmiento a la vid, que es Cristo (cf. Jn 15, 5) ...  A esta unidad inicial, sin embargo, ha de corresponder un camino de adhesión creciente a Él, que oriente cada vez más el comportamiento del discípulo según la 'lógica' de Cristo: «Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo» (Flp 2, 5). Hace falta, según las palabras del Apóstol, «revestirse de Cristo» (cf. Rm 13, 14; Ga 3, 27).

En el recorrido espiritual del Rosario, basado en la contemplación incesante del rostro de Cristo –en compañía de María– este exigente ideal de configuración con Él se consigue a través de una asiduidad que pudiéramos decir 'amistosa'. Ésta nos introduce de modo natural en la vida de Cristo y nos hace como 'respirar' sus sentimientos. Acerca de esto dice el Beato Bartolomé Longo: «Como dos amigos, frecuentándose, suelen parecerse también en las costumbres, así nosotros, conversando familiarmente con Jesús y la Virgen, al meditar los Misterios del Rosario, y formando juntos una misma vida de comunión, podemos llegar a ser, en la medida de nuestra pequeñez, parecidos a ellos, y aprender de estos eminentes ejemplos el vivir humilde, pobre, escondido, paciente y perfecto». ...

El Rosario nos transporta místicamente junto a María, dedicada a seguir el crecimiento humano de Cristo en la casa de Nazaret. Eso le permite educarnos y modelarnos con la misma diligencia, hasta que Cristo «sea formado» plenamente en nosotros (cf. Ga 4, 19). ... Es el principio iluminador expresado por el Concilio Vaticano II, que tan intensamente he experimentado en mi vida, haciendo de él la base de mi lema episcopal: Totus tuus.21 Un lema, como es sabido, inspirado en la doctrina de san Luis María Grignion de Montfort, que explicó así el papel de María en el proceso de configuración de cada uno de nosotros con Cristo: «Como quiera que toda nuestra perfección consiste en el ser conformes, unidos y consagrados a Jesucristo, la más perfecta de la devociones es, sin duda alguna, la que nos conforma, nos une y nos consagra lo más perfectamente posible a Jesucristo. Ahora bien, siendo María, de todas las criaturas, la más conforme a Jesucristo, se sigue que, de todas las devociones, la que más consagra y conforma un alma a Jesucristo es la devoción a María, su Santísima Madre, y que cuanto más consagrada esté un alma a la Santísima Virgen, tanto más lo estará a Jesucristo». De verdad, en el Rosario el camino de Cristo y el de María se encuentran profundamente unidos. ¡María no vive más que en Cristo y en función de Cristo! 

Tratando de comentar  las palabras del Papa, podemos decir que es muy típico que en una familia, las hijas tengan el mismo tipo de voz que la mamá, y los hijos del papá. Ocurre con los que viven juntos y hasta con las generaciones, que hablan con un mismo lenguaje, típico de esa época.

El amor es profundamente unitario. Dios nos ama y se ha unido a nosotros al punto de asumir nuestra naturaleza humana, al enviar a su Hijo Jesús, que nace de María Santísima.

Pero Dios quiere que nosotros le amemos también, seamos como Él, en el rostro de Cristo. La teología no es un estudio “objetivo” de Dios. Tiene la rigurosidad de una ciencia de estudio, pero se debe estudiar “de rodillas”, para conocer a nuestro Redentor y configurarnos con Él. De allí que María Santísima se transforma en un gran ejemplo de esta realidad y una gran educadora también.

 

HAGAMOS LA ORACION FINAL DE NUESTRO PROGRAMA:

Unidos espiritualmente en el Oratorio, con mis hermanos, quiero decirte Madre, Patrona y Reina mía, que yo confío en Ti; confío de todo corazón que Tú me ayudarás a salir adelante, desde mi Oratorio. Te entrego mi alma, mi vida y mi cuerpo; yo paso a ser cosa y posesión tuya; soy tu operario, por medio de quien Tú puedes transoperar en el mundo y en la Iglesia. Por eso mis ojos son tuyos, mis labios, mis manos son tuyas;  mi inteligencia, mi voluntad y mi corazón; toda mi vida es tu propiedad.  Guárdame y defiéndeme del peligro y de la masa.  Madre mía, úneme a Jesús, que es el único Salvador, ya que sin El nada podemos hacer para alcanzar nuestra meta. Ayúdame, junto a mis hermanos, a cumplir lo que Dios quiere. Amén.

 

LES BENDIGA, A USTEDES, SUS FAMILIAS Y SUS SERES QUERIDOS, EL DIOS TODOPODEROSO Y BUENO, PADRE, HIJO Y ESPIRITU SANTO. AMÉN.