![]() |
...sobre la necesidad de acudir a la Stma. Virgen: -Si se levanta la tempestad de las tentaciones, si caes en el escollo de las tristezas, eleva tus ojos a la Estrella del Mar: invoca a María!. Si la cólera, la avaricia, la sensualidad de tus sentidos quieren hundir la barca de tu espíritu, que tus ojos vayan a esa estrella: invoca a María! Si ante el recuerdo desconsolador de tus muchos pecados y de la severidad de Dios, te sientes ir hacia el abismo del desaliento o de la desesperación, lánzale una mirada a la estrella, e invoca a la Madre de Dios. En medio de tus peligros, de tus angustia, de tus dudas, piensa en María, invoca a María! El pensar en Ella y el invocarla, sean dos cosas que no se parten nunca ni de tu corazón ni de tus labios. Y para estar más seguro de su protección no te olvides de imitar sus ejemplos. Siguiéndola no te pierdes en el camino! ¡Implorándola no te desesperarás! ¡Pensando en Ella no te descarriarás! Si Ella te tiene de la mano no te puedes hundir. Bajo su manto nada hay que temer. ¡Bajo su guía no habrá cansancio, y con su favor llegarás felizmente al Puerto de la Patria Celestial! Amén!!
Doctrina:
ACLARACION DE P. José Miguel Curutchet: Dije en programa anterior que esperábamos que el cielo estuviera vacío. En verdad quice decir lo contrario: “que el infierno esté vacío”.
SOBRE EL CONCURSO: ¿Cuáles son los colores del rosario misonero y qué representan? El primero que llamese, se ganaría un rosario misionero, y tendría que venir a retirarlo a la Radio. Llamó Dn. Cristián Cárdenas de Santiago. RESPUESTA:
. Esta oración ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis años jóvenes.... El Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo. Hace veinticuatro años, el 29 de octubre de 1978, dos semanas después de la elección a la Sede de Pedro, como abriendo mi alma, me expresé así: «El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. [...]
“Cuando rezamos el Rosario, María nos ofrece su corazón y su mirada para contemplar la vida de su Hijo, Jesucristo.”
“Al término de su vida terrestre, María Santísima, por singular privilegio, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria -gloria singularísima- del Cielo. Mientras a todos los otros santos les glorifica Dios al término de su vida terrena únicamente en cuanto al alma (mediante la Visión Beatífica), y deben, por consiguiente, esperar al fin del mundo para se glorificados también en cuanto al cuerpo, María Santísima -y solamente Ella- fue glorificada en cuanto al cuerpo y en cuanto al alma”.
HAGAMOS LA SIGUIENTE REFLEXIÓN: ¿Hay entre los auditores que nos está escuchando alguna mamá cuyo hijo se haya destacado en el deporte, en la política, en acciones heroicas o en su profesión? Si las hay, le rogamos que diga a los demás que el respeto con que a ella se la distingue no disminuye en nada ni el honor ni la dignidad de su hijo. ¿Por qué, entonces, piensan algunos que todo acto de reverencia hacia la Madre de Jesús disminuye el poder y la divinidad de Nuestro Señor? Conozco a mucha gente, que seguramente por ignorancia, afirman que los católicos adoran a María o la convierten en una diosa. ¿Qué podemos responder? Eso es una mentira. De repente uno se pone a pensar que esta frialdad y olvido --- a veces es más todavía, una verdadera aversión, con la Santísima Virgen María --- procede en no considerar que su Hijo, Jesús, es el Eterno Hijo de Dios. Si ponemos a Cristo al mismo nivel que a Julio Iglesias o a Carlos Marx, a Buda o a Roinaldinho Gaucho o a Maradona; es decir, si lo consideramos sólo como a un hombre, entonces el pensar reverenciar de manera especial a Su Madre como si fuese diferente de nuestras madres, resulta decididamente repulsivo. Todos nosotros podemos decir: Yo tengo mi madre, que vale tanto como la de ustedes. Quizá éste es el motivo porque no se haya escrito mucho sobre la madre de los grandes hombres, puesto que cada cual considera a su madre como la mejor. Ninguna madre de mortal tiene derecho a que se la quiera más que a las demás madres. Es muy difícil que haya algún hijo que eligiera a la madre de otro por Madre de las madres.
Pongamos un ejemplo sacado del mismo Evangelio: Veamos el caso de San Juan Bautista.
7 Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
Detengámonos en esta frase que el Señor pronunció: «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista.” Supongamos que se estableciera un culto especial para honrar a la madre de Juan Bautista, santa Isabel, como superior a todas las madres: ¿quién de nosotros no protestaría, juzgando excesivo ese honor al considerar que San Juan Bautista era solamente un hombre? Uno puede aceptar que ella sea una santa muy importante, pero de ahí a decir que es madre de todas las madres ……. Es demasiado. Si Nuestro Señor fuese solamente un hombre, o un reformador de costumbres, o un sociólogo, entonces tendríamos que compartir la crítica resentida de tantos fanáticos sobre que la Madre de Jesucristo no sería diferente de las otras madres. El cuarto mandamiento dice: “Honra a tu padre y a tu madre”, pero no dice a la mamá de Gandhi o a la mamá de Napoleón. PERO, el mandamiento de honrar a nuestro padre no nos impide adorar a nuestro Padre Celestial. Si el Padre Celestial envió a su Hijo a esta tierra, entonces el mandamiento de honrar a nuestra madre terrena no nos vedará venerar a la Madre del Hijo de Dios. Si la Virgen no fuese más que la madre de otro hombre, entones no podría se al mismo tiempo madre nuestra también, porque los vínculos de la carne son demasiado exclusivos. La sangre no admite más de una madre. Largo es el paso entre una madre y una madrastra, y bien pocos son los que pueden dar este paso. El Espíritu, en cambio, admite otra madre. Siendo María la Madre de Dios, puede ser también la Madre de cualquiera que haya redimido Jesucristo. El secreto para comprender a María es el de tomar a Cristo, Hijo de Dios, como punto de partida y no a la Virgen. Cuanto menos piense en Él, menos pensaré en Ella; cuanto más adore la divinidad de Cristo, más veneraré la maternidad de la Virgen; cuanto menos adore la divinidad de Cristo, menos motivos tendré para respetar a la Virgen. Es un grave error amar de verdad al Señor como Divino Salvador y no amar a María. La maternidad de la Virgen es diferente de todas las demás, precisamente por su Hijo. Una vez un niño de una escuela parroquial hablaba de la Virgen con un profesor vecino suyo. ¡Magnífica contestación! No somos nosotros quienes hemos hecho a la Virgen diferente de las demás mamás. No hemos sido nosotros los que la hemos elegido para su excelsa dignidad, sino el Señor.
Escuchemos al Concilio Vaticano II, en la Constitución dogmática Lumen Gentium, Nº 53 53. En efecto, la Virgen María, que según el anuncio del ángel recibió al Verbo de Dios en su corazón y en su cuerpo y entregó la vida al mundo, es conocida y honrada como verdadera Madre de Dios Redentor. Redimida de un modo eminente, en atención a los futuros méritos de su Hijo y a El unida con estrecho e indisoluble vínculo, está enriquecida con esta suma prerrogativa y dignidad: ser la Madre de Dios Hijo y, por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu santo; con un don de gracia tan eximia, antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas. Pensemos en Jesús y en su Madre. Jesucristo es mediador entre Dios y la humanidad. Ella es mediadora entre Cristo y nosotros. Ante todo, Nuestro Señor es mediador entre Dios y el hombre. Tenemos un nuevo CONCURSO: Nuevamente vamos a reglalar un rosario misionero. Nunca podemos olvidar que la Virgen Santísima estaba en medio de los Apostóles, cuando vino el Espíritu Santo en Pentecostés. Esta pregunta quiere preparar el proximo programa. HAGAMOS LA ORACION FINAL DE NUESTRO PROGRAMA: Unidos espiritualmente en el Oratorio, con mis hermanos, quiero decirte Madre, Patrona y Reina mía, que yo confío en Ti; confío de todo corazón que Tú me ayudarás a salir adelante, desde mi Oratorio. Te entrego mi alma, mi vida y mi cuerpo; yo paso a ser cosa y posesión tuya; soy tu operario, por medio de quien Tú puedes transoperar en el mundo y en la Iglesia. Por eso mis ojos son tuyos, mis labios, mis manos son tuyas; mi inteligencia, mi voluntad y mi corazón; toda mi vida es tu propiedad. Guárdame y defiéndeme del peligro y de la masa. Madre mía, úneme a Jesús, que es el único Salvador, ya que sin El nada podemos hacer para alcanzar nuestra meta. Ayúdame, junto a mis hermanos, a cumplir lo que Dios quiere. Amén.
LES BENDIGA, A USTEDES, SUS FAMILIAS Y SUS SERES QUERIDOS, EL DIOS TODOPODEROSO Y BUENO, PADRE, HIJO Y ESPIRITU SANTO. AMÉN.
|
ORATORIO MARIANO MADRE DEL PUEBLO |