Queridos amigos:


No quería dejar pasar esta oportunidad para escribirles algo.  Hoy es 22 de abril, y voy viajando a Bogotá después de haber estado más de un mes en Argentina y haber pasado por Santiago, mi vida se ha transformado en un trajín inmenso y no sé cuándo va a parar. Todos me reclaman más tiempo pero al menos por ahora mi ritmo tiende a seguir de la misma manera, la Divina Providencia va conduciendo mi vida y yo me dejo llevar, a esta altura ya no saco nada con revelarme.

Estas letras las escribo en pleno vuelo a Bogotá, hace mucho tiempo que no les escribía contándoles de mis andanzas y “voladas”. Sentí que en este momento era necesario hacerlo, hay mucho desconcierto y desilusión en muchos por los malos ejemplos de algunos sacerdotes y obispos alrededor del mundo, muchos espíritus desazogados, que estas líneas nos ayuden a reflexionar un poco de lo que Dios quiere para nosotros en estos tiempos tan complicados.


Hoy 22 cumplo 21 años de sacerdocio, el año pasado tuvimos la inmensa alegría de compartir juntos mis 20 años de sacerdote. Recuerdo con inmenso cariño ese día y que me hayan acompañado. Sentí esa llamada tan especial  muy joven, con apenas 14 años y de la cual me siento orgulloso, aun en medio de tantos cuestionamientos del momento presente. Estos últimos meses, y en especial hoy los sacerdotes estamos en la cresta de la ola. Algunos me han preguntado que he sentido yo, les confieso que siento mucha pena y dolor por todo lo que ha generado la caída de hermanos en el sacerdocio, vergüenza por todo lo que esto provoca en mucha gente, sobre todo el distanciamiento y la desilusión de la Iglesia. Pero también siento que este es un tiempo precioso, una gran oportunidad para ser cada día mejor.

Ayer estaba con mis papás, (una corta visita de médico) y mi papá ya anciano, me hablaba de manera muy negativa, quizás cuando yo llegue a su edad también piense igual, que todo pasado fue mejor. Él como ferviente creyente estaba muy dolido por todo esto, yo le contesté que para mí era lo mejor que  podía pasar.  Le decía que cuando niño y joven era muy asiduo a la lectura, leía los libros de Emilio Salgari, la aventuras de Sandokan, el tigre de la Malasia, o leía a Jorge Inostroza, Adiós al Séptimo de Línea, Los Tres Monjes Rebeldes y La Familia que alcanzó a Cristo del Padre Raymond, y quería haber vivido en esa época. Mi imaginación me llevaba a estos tiempos y a esas aventuras. Pero ahora creo que este tiempo es mucho más interesante, este tiempo sí que es apasionante y que siento que ahora sí que vale la pena vivir a fondo, porque esto nos exige lo mejor de nosotros mismos.

Este tiempo de crisis tiene que ser una oportunidad para crecer en nuestra fe, para ser santos.  La Iglesia ha pasado por momentos muy duros, basta leer la historia de la Iglesia para darse cuenta, y siempre sale adelante, pero hay un detalle interesante, en las épocas de grandes crisis, como lo es la nuestra, el Espíritu Santo hace surgir una vida de fe mucho más  grande. Muchos de los grandes santos de la Iglesia han surgido en estas épocas de grandes crisis, “tiempo de crisis, tiempo de grandes santos” es el título de una charla que he dado en muchas partes.

Le decía a mi papá, esto sí que es apasionante, este el tiempo que Dios quiere que viva, el tiempo en el cual Dios quiere que seamos santos. No sé si a él se la pasó su negatividad, pero para mí todo esto cobra mucho sentido. Hay que seguir batallando todos los días y espero que Uds. me acompañen en esta gran aventura, con sus oraciones por este amigo “cura” que las necesita más que nunca. Así también yo, y tengan la seguridad de que así es, los tengo presente en cada Santa Misa.


Hace algunos años atrás, un gran amigo, José Miguel Infante, me regaló un libro que en ese momento me hizo reflexionar mucho, “El coraje de ser católico” de George Wiegel. Es un teólogo norteamericano que escribe este libro cuando empiezan a estallar los primeros escándalos de los sacerdotes pedófilos en USA. El describe de manera descarnada todo el drama que vive la Iglesia en ese momento, con toda crudeza relata cómo fallaron los pastores y como se llegó a esta crisis.

Este teólogo desarrolla una tesis que me ha hecho pensar mucho en estos años. El habla justamente de la crisis de la Iglesia. El explica este término “crisis” de dos maneras, en el lenguaje común significa una ruptura, un quiebre. Y también lo explica de manera bíblica, ya que crisis en sentido bíblico significa una oportunidad para crecer, para purificarse, un momento especial de la manifestación de Dios en la historia.

Todo esto que está ocurriendo es justamente una oportunidad preciosa que Dios nos regala para crecer, para ser mejores, para ser santos. No solo para nosotros los sacerdotes, sino que para toda la Iglesia, algo no está caminando bien, nosotros los que hemos sido llamados a servir y a entregarnos por entero nos hemos acostumbrado a una vida tibia y mediocre. Pero esta oportunidad es para todos, para Uds. que son laicos y que deben luchar por un matrimonio y por una familia con todos los problemas que eso conlleva.

Esta es una gran oportunidad para ser santos, o nos ponemos firmes en nuestra fe o nos hundimos todos juntos. No basta con hacer diagnósticos de la situación, hay que vivir nuestra fe profundamente, ¡cuánta tibieza en nuestra fe! ¡Cuántos años sin confesarnos y sin acudir a los sacramentos! No basta con criticar, hay que actuar desde dentro, no desde fuera, mirando la realidad, somos parte de esta Iglesia y ella necesita de cada uno de nosotros. Aprovechemos esta oportunidad maravillosa que Dios nos regala, una época apasionante donde van a despertar fuerzas nuevas, renovadoras, santas que ni siquiera nos imaginamos.


“Tiempo de crisis, tiempo de grandes santos” es lo que me ha movido durante estos años a ir de un lugar a otro, en esta gran misión, pero no voy solo, siento que Uds. me acompañan con su oración, sacrificios y ayudas económicas, pero tenemos que ir más allá. No podemos cansarnos ni bajar los brazos. Hay una urgencia y espero que todos podamos despertar a esta Gran Tarea


Quisiera contarles una pequeña anécdota que me pasó el otro día en Catamarca. Había entrado a la catedral, tenía que esperar a otra persona, y como vi que estaban confesando me puse como un feligrés más a la cola. Cuando me tocó mi turno, me arrodillé delante del sacerdote, fui confesando mis pecados, no sé qué cara puse de arrepentimiento que en un momento el sacerdote me preguntó: ¿Ud. es feliz en su sacerdocio?  La respuesta me salió del alma, sin titubear, ¡Si, y muy feliz! No hubo más preguntas y me dio la absolución. Me quedó dando vuelta este breve diálogo y creo que refleja lo que realmente siento y pienso, a pesar de todos los problemas y crisis que me ha tocado vivir a lo largo de todos estos años,  a pesar de todos mis pecados y fallas puedo decir con toda sinceridad, ¡soy feliz! La felicidad plena sé que la vamos a obtener en la Vida Eterna pero ahora estoy en paz, contento.


Bueno, no quiero ser más aburrido, se que haría falta explicar otras cosas más, pero dejemos eso para otra carta, les prometo que no voy a dejar pasar tanto tiempo sin escribir, muchos ya me estaban reclamando y espero cumplirles.

Les mando una gran bendición en Cristo y María y no me canso de pedirles sus oraciones, no saben lo bien que me hace saber que están ahí, juntos en el mismo camino.

 

P. Martín
Misionero de María

 

22 de abril de 2010.-